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domingo, 9 de agosto de 2020

El clásico de la bruma


Se jugaba hoy el clásico que seguramente será bautizado como el de la “pandemia” y como dijimos en la nota anterior, Peñarol no llegaba bien. No es que Nacional llegara mejor, sino que lo del aurinegro hasta el momento había sido francamente decepcionante.

Forlán, Diego desde su casa por estar suspendido envió la formación con Dawson en el arco, Kagelmacher, Abascal, Giovanni González y Piquerez en el fondo. En el medio Trindade, Vadocz y De Los Santos. Arriba Pellistri, Britos y Terans.

Un clásico que solo podía verse por tv porque se jugaba sin público y que, en verdad, se vio poco producto de la niebla que durante todo el día cubrió Montevideo. Pero alcanzó para notar una postura clara en los equipos. Sobre todo, en Nacional, que le cedió el campo y la iniciativa a Peñarol que, sin mucho fútbol, tuvo las primeras chances.

La primera a los 10´ con un remate desde fuera del área de Matías De Los Santos que Mejía contiene contra su vertical izquierdo.

Otra sobre los 13´ luego de un centro desde la derecha y el cabezazo en palomita de Britos desde la medialuna, cruzado, bien dirigido, que pasa cerca del palo izquierdo de Mejía que no atinó defensa.

Cualquiera que estuviera viendo el partido sabía que lo que Peñarol no debía hacer era generar faltas cerca del arco y opciones para que Nacional llegara por intermedio del juego aéreo. Pero hay jugadores que parecen empeñados en mostrar su falta de inteligencia. Abascal es uno de ellos.

A los 31´comete una falta innecesaria sobre Bergessio, que estaba de espaldas al arco, contra la línea derecha y Abascal lo baja sin motivo. El tiro libre lo tira Neves en forma de centro, cabecea Bergessio de pique al suelo y Dawson la manda al córner sobre el horizontal.

De ese córner, Abascal vuelve a perder a Bergessio que mete el cabezazo fuerte que le vence la mano a Dawson y se mete en el arco de la Ámsterdam. Pura responsabilidad de Abascal y pensar que Peñarol pudo contar con el retorno de Carlos Rodríguez y no lo quiso.

De ahí en más, se acentuó la espera del tricolor ante un Peñarol que sintió el golpe y se fue arriba sin orden ni ideas y sin crear real peligro.

Pero aun así pudo empatar pasada la hora cuando luego de un envío frontal al área, intenta el remate Pellistri, le sale mordido y le queda a Kagelmacher que remata y la pelota pega en el palo derecho de Mejía. El zaguero aurinegro estaba en posición adelantada, pero no fue marcada y de haber convertido, el gol hubiera sido válido.

El panorama era feo para el segundo tiempo, considerando que Nacional conoce muy bien su libreto y Peñarol (mejor dicho, Abascal) hizo exactamente lo que no debía hacer y le dio la tranquilidad al rival de ponerse en ventaja.

Para el inicio, Forlán, Pablo (que era quien estaba habilitado para cubrir a su hermano) pone al “cebolla” Rodríguez como salvador del equipo.

El planteo fue el mismo. Incluso se acentuó la tendencia de Nacional a esperar en su campo, cuidar la ventaja, hacer tiempo para desesperar a Peñarol y buscar el acierto del contragolpe u otro error de la defensa como sucedió en el primer tiempo.

Peñarol tuvo el campo, la pelota y la iniciativa y se fue arriba como marca su tradición, pero con pocas ideas y menos futbol.

Igual así creó alguna situación como a los 8´ con una jugada por izquierda de Piquerez que pone pelota larga para Terans quien toca atrás para el “cebolla” Rodríguez que remata cruzado y la pelota se va ancha contra el palo izquierdo.

A los 17´ un centro al área tricolor, Britos va a buscar la pelota y levanta mucho la pierna, es cierto, pero va mirando la pelota y nunca ve al defensor albo que era Suarez y termina impactando con su pie cerca del rostro. Ferryera, en una decisión para nosotros inadecuada, expulsa con roja directa al delantero mirasol en una jugada que se arreglaba perfectamente con amarilla.

Las cosas se hacían más complicadas para el mirasol que perdía 1 a 0, quedaba con un hombre menos y debía irse al ataque para buscar el empate quedando expuesto a un acierto del contraataque tricolor.

Pero a los 35´ la defensa de Nacional compensa el error de Abascal en el primer tiempo. Una pelota frontal al área que envía Kagelmacher sin muchas pretensiones. Se queda parada toda la retaguardia tricolor y Terans entra por el segundo palo y define por arriba ante la desesperada salida de Mejía buscando cerrar para que la pelota se meta suave en el arco vacío marcando un empate que era más que justo con el trámite del encuentro.

Luego del empate. Nacional se fue arriba y pudo haber ganado el partido, mostrando que, si su técnico hubiera sido un poco menos avaro, podía haber liquidado el encuentro. Tuvo una muy clara a los 38´ con un centro desde la derecha de Méndez y la fuerte volea de Trasante que obliga a una impresionante atajada de Dawson para mandar la pelota al córner contra el palo derecho salvando el arco mirasol.

El clásico fue tan poco claro como la inhóspita tarde del Centenario. Ambos equipos quedaron entre la bruma y las sombras. En lo que nos importa, Peñarol tuvo el mérito de seguir adelante a pesar de la desventaja y el hombre de menos, pero de no ser por el grueso error de la retaguardia tricolor, difícilmente hubiera marcado por méritos propios que fueron más bien escasos.

Es preocupante la falta de inteligencia mostrada por Abascal en la jugada previa y en la del gol de Bergessio. Primero le hace una falta innecesaria, después le permite cabecear y nos salva Dawson y luego pierde claramente al argentino en el salto y le permite cabecear solo para vencer la resistencia de nuestro arquero. Hay que rezar para que se recupere pronto Formiliano (y regrese en el nivel que venía antes de la lesión) y nuevamente cabe preguntarse ¿por qué nuestros dirigentes le dijeron que no a la llegada de Carlos Rodríguez?

Peñarol tuvo nueve córners a favor durante el partido, no tiró bien ninguno. A Nacional con solo 3, le alcanzó para marcar un gol de cabeza. Un defecto que se viene reiterando desde el año pasado y donde no parece que se haya trabajado suficiente.

Peñarol ha quedado a 6 puntos del puntero, pero además con un montón de equipos por encima en la tabla, pero lo más preocupante es el poco futbol que muestra el equipo de Forlán. Es cierto que el campeonato recién empieza, pero Peñarol no puede darse el lujo de esperar demasiado para mejorar sustancialmente su rendimiento.

sábado, 8 de agosto de 2020

Mañana hay que ganar

    

Vuelve el fútbol. Y para nosotros eso significa una sola cosa: vuelve Peñarol. Porque como hemos expresado muchas veces en estas páginas, no nos interesa ningún partido donde no juegue el carbonero. Y vuelve con el plato más fuerte, nada menos que con el clásico, que siempre es obligación de triunfo para el mirasol.

Pero Peñarol no llega bien por muchos factores. En primer lugar, por los antecedentes. Porque el mal sabor de la forma increíble en que se perdió el tricampeonato, perdura en el hincha aurinegro. La forma en que nuestra directiva regaló el campeonato al tradicional adversario desmantelando el plantel de Diego López, pesa hoy en el ánimo de la hinchada.

Tampoco se tomaron buenas decisiones al inicio de esta temporada. Hasta ahora, ninguna de las incorporaciones que se hicieron ha mostrado nivel desnivelante ni mucho menos. Recordemos: llegaron Vadocz, Acosta, Herrera, Kagelmacher, Olivera, Terans, Piquerez, Britos y Bravo. Ninguno de ellos se destacó en los partidos (pocos, es cierto) con que se abrió la temporada. Para esta reapertura del torneo, Peñarol recibirá (en algún momento) el aporte de Urretaviscaya y recuperará (también en algún momento) a Gargano, pero ninguno de ellos estará en el clásico.

Del resto de los llamados “referentes”, tampoco estará ante Nacional el “cebolla” Rodríguez, que al igual que la temporada anterior, parece que estará más fuera que dentro del campo, producto de sus consuetudinarias lesiones. Tampoco estará el “lolo” Estoyanoff, a quien Forlán ya ha demostrado que no pretende usar y nos parece bien que no lo utilice, pero no entendemos porqué se le renovó el contrario. Formiliano, otro jugador importante de este plantel, salió lesionado en el hombro en el primer partido ante Cerro. Se suponía que tenía para un mes de recuperación. Eso fue el 15 de febrero y el “tito” apenas si ha jugado en los amistosos de preparación.

Se habilitó un período especial de pases para este reinicio y Peñarol, que votó a favor, no lo utilizó para traer a ningún futbolista. A pesar de que le ofrecieron a Carlos Rodríguez, zaguero campeón uruguayo con Peñarol en 2017, en una zona donde hoy el titular es Abascal. Pero además Peñarol perdió un par de jugadores en este período. El argentino Rojas que retornó a San Lorenzo y que era el lateral izquierdo titular del equipo. También Guzmán Pereira a quien se le venció el contrato y no fue renovado.

Los antecedentes de juego (mucho más que de resultados) que el equipo mostró en sus primeros partidos oficiales tampoco son auspiciosos. Le ganó en la hora a Cerro, fue robado por Fedorczuk ante Defensor y Danubio le empató en la hora. A esto se suma una derrota vergonzosa ante Paranaense en Brasil, donde el equipo no pateó al arco y una victoria agónica de local con un gol en contra ante el modestísimo Jorge Wilstermann. No solo fueron malos los resultados, fue muy escaso el nivel de juego mostrado en esos encuentros.

Esto no se revirtió en las practicas (no podemos llamarlos “partidos” porque ninguno fue de 90´) que el equipo disputó en la preparación antes de este reinicio, donde el equipo convirtió muy pocos goles. La falta de gol ha sido el mal endémico de este equipo. No tanto porque le falte un 9, puesto que Xisco nos parece adecuado para ese rol, sino porque le falta un creador de juego, función que cumplía Maximiliano Rodríguez y que luego de su salida intentó hacer Viatri que dio una mano en ese rol y a quien también dejaron ir. Se le achaca al argentino que convirtió pocos goles (para nosotros no fueron tan pocos) pero no se le reconoce cuántos goles le permitió convertir a sus compañeros con su juego.

Hasta ahora Forlán ha mostrado muy poco como técnico para calzar los puntos para dirigir el aurinegro. Poco juego, resultados mediocres, cambios inadecuados, algún planteo temeroso como el de Brasil, un plantel que no parece bien armado. Hasta ahora no convence como técnico para Peñarol. El clásico lo puede redimir o lo puede terminar de hundir.

Dicho todo esto, mañana es el clásico y como desde aquél disputado el 15 de julio de 1900, Peñarol tiene la obligación de ganar. Nacional ya ha mostrado sus temores, fijando el Centenario en lugar del Parque Central. Esta vez no había excusas. No habrá público, no importan las obras inacabadas, no hay riesgo de disturbios, simplemente existe temor de perder en su cancha. Como en aquel único clásico del siglo XIX, donde Peñarol ganó 2 a 0 en un Parque Central que aún era del Deutscher que se lo prestaba a Nacional, ese temor de perder de local se mantiene vivo.

Mañana a Peñarol le faltará una de sus armas más poderosas, una que le ha llevado a ganar tantos partidos imposibles, a convertir tantos goles cuando ya parecía que no llegaban, una que lo ha distinguido históricamente de otros equipos y particularmente, de su rival de todas las horas. Mañana Peñarol no tendrá a su gente alentando dese la tribuna. No estará ese jugador extra, ese fogonero que hecha carbón a la locomotora mirasol para que termine arrollando al rival.

Mañana Peñarol no llega en su mejor momento, pero al igual que siempre, tiene la obligación de ganar. Porque se lo demanda su historia, porque lo necesita para encauzar un mal comienzo, porque debe borrar la triste imagen con la que cerró el 2019. Mañana Peñarol debe ganar, pura y simplemente porque es Peñarol.

jueves, 16 de julio de 2020

El goleador de toda la historia. Fernando Morena


Mi padre era hincha fanático de Peñarol. Pero como muchos uruguayos, tenia simpatía por un equipo menor que todos llamamos "el equipo del barrio". Mi padre nació en 1931 y se crió en la ciudad vieja, cerca del puerto. Un año después, se fundo River Plate (que es el resultado de la fusión de dos equipos existentes. Olimpia y Capurro y no es el mismo que el River Plate de la época amateur) afincado en la dársena del puerto, antes de mudarse al Prado. Para mi viejo River era "el equipo del barrio".

Mi padre iba a los partidos del carbonero pero también a muchos del darsenero y contaba (y tenía a mi madre como testigo) que a principio de los 70 le empezó a llamar la atención un juvenil que entraba en los últimos 15´ y siempre terminaba convirtiendo uno o dos goles. Mi madre atestiguaba que cada vez que mi viejo lo veía entrar decía "como me gusta este para Peñarol".

Y eso se terminó concretando aunque no sin dificultades. A comienzos de 1973 tanto Nacional como Peñarol querían hacerse con el concurso del goleador darsenero. El tradicional rival parecía tener ventaja puesto que Morena era hincha de Nacional, pero una situación de juego terminaría siendo decisiva para que Morena terminara en Peñarol. Nacional tenía un equipo armado, cuya delantera estaba comandada por los argentinos Artime y Mamelli y venia de ganar 4 campeonatos uruguayos seguidos. En tal estructura, Morena llegaría como suplente. En cambio en Peñarol, que necesitaba cortar el posible quinquenio tricolor, el técnico Juan Ricardo Faccio necesitaba un goleador titular para comandar el ataque y le aseguraba ese puesto a Morena. Fue esta circunstancia la que determinó que Morena eligiera firmar por Peñarol a pesar de su sentimiento tricolor.

Pero su llegada tendría aun ribetes épicos. La transferencia quedo cerrada el 23 de febrero de 1973 a altas horas de la noche por el entonces presidente aurinegro el contador Gastón Guelfi. En la madrugada de esa noche, el contador Guelfi falleció de un infarto y Morena contaba que cuando se enteró a la mañana siguiente, no tenía la seguridad de si era jugador de Peñarol o de River Plate. En épocas donde no existía internet ni celulares y toda comunicación era a través de teléfonos fijos, recién sobre mediodía pudo confirmar que era nuevo jugador carbonero.

Desde el primer momento Morena pagó la confianza con goles. Fue goleador del campeonato del 73 con 20 goles y comenzaría una racha de 6 campeonatos seguidos como máximo artillero del campeonato (1973, 1974, 1975. 1976. 1977 y 1978). Peñarol no solo cortó el posible quinquenio nacionalófilo sino que inició un tricampeonato (1973, 1974 y 1975).

En 1975 rompería una marca histórica al convertir 34 goles en ese campeonato superando la marca establecida por otro goleador aurinegro: el legendario Pedro "el tigre" Young que había convertido 33 goles en el campeonato de 1933.

Pero no se quedó ahí el "nando", como lo conocen todos los hinchas aurinegros. En 1978 rompería su propio récord convirtiendo la impresionante cantidad de 36 tantos en ese torneo, marca que permanece vigente hoy día. Un 16 de julio de ese año, Peñarol goleó a Huracán Buceo 7 a 1. Ese día Morena anotó los 7 goles (y todavía se dio el lujo de marrar un penal) para superar otro récord que tenía otro jugador mirasol: Nicolás Falero, que en 1947 había convertido 6 tantos ante Cerro. Hoy se cumplen por tanto, 42 años de aquella jornada.

Mi padre me llevo a ver a Peñarol por primera vez en 1977 y el nando era dios para el hincha aurinegro. Durante mi infancia no hubo un jugador mas admirado e idolatrado. Se iba a al estadio "a ver los goles de Morena" porque la victoria de Peñarol ya se daba por descontada.

Era el goleador clásico por excelencia. Nacional era su víctima preferida. Convirtiendo él, nunca Peñarol perdió un clásico, Anotó nada menos que 27 goles clásicos en 49 encuentros disputados, con 21 victorias aurinegras y 20 empates.

Cuando hacía un gol trascendente (y casi todos lo eran) tenía la costumbre de correr hacia el rincón de la tribuna América en el Estadio Centenario y treparse al portón que allí existía en una imagen que se tornó sinónimo de festejo para todos los manyas.

A mediados de 1979 Peñarol, siempre escaso de recursos, debió transferirlo al Rayo Vallecano de España y los hinchas carboneros nos quedamos sin los goles del "potrillo", como también se lo conocía. Se fue como goleador de los 6 campeonatos mencionados y también de dos copas Libertadores (1974 y 1975) y fue campeón uruguayo en 1973, 1974, 1975, 1978 y 1979.

Por suerte, duró poco la nostalgia. En 1981 el entonces presidente aurinegro Washington Cataldi, inició una campaña para repatriar al nando, donde los hinchas aurinegros podían contribuir económicamente para su regreso al club. Peñarol debía pagar la entonces astronómica cifra de 1 millón de dólares para repatriarlo. Con mis inocentes 10 años de edad de entonces, tomé mis ahorros (la ridícula suma de 14 pesos) para depositarlos en la cuenta a tal efecto. Fue el dinero mejor invertido en toda mi vida. Me retornó una Copa Libertadores y una Intercontinental del equipo del que soy hincha.

Bajo la consigna de "a Morena lo traemos todos porque todos somos Peñarol" como cantaba el jingle publicitario que se difundía por radio y televisión a cada rato, los manyas salimos a traer a nuestro ídolo. Cierto es que el club tuvo que poner la mayoría de los recursos, pero los hinchas (y sobre todo los niños) nos sentimos parte de ese regreso.

El día que regresó se formó una impresionante caravana que lo acompaño desde el aeropuerto a la sede aurinegra en el Palacio Peñarol (que lleva el nombre de Contador Gastón Guelfi quien trajo a Morena a Peñarol). Montevideo se paralizó con la marea amarilla y negra de los hinchas carboneros que llenaron las calles. En su discurso de regreso, Morena expresó "si cuando me fui hubiera sabido que el hincha de Peñarol me quería como me quiere, no me hubiera ido nunca".

Y Morena pagó como siempre, con goles y con títulos. Fue campeón uruguayo en 1981 y 1982 (ese año también goleador del campeonato) y campeón de la Libertadores 1982 (y goleador del certamen) y la copa Intercontinental.

En la final de la Libertadores del 82 jugó mal, Casi no tuvo chances de rematar al arco. Ya en el final el partido se iba 0 a 0 y habría una tercera final en Buenos Aires. El nando estaba en la mitad de la cancha pidiéndole al juez Lousteau que lo terminara (Peñarol era visitante) cuando vio que Venancio Ramos se iba como tantas veces por la punta con pelota dominada. El instinto del goleador lo hizo correr hacia el área una vez más, sabiendo que el "chicharra" Ramos iba a mandar la pelota al corazón del área. Y ahí lo encontró la pelota, donde tienen que estar los goleadores. No le pegó bien le salió mordida, con un efecto extraño, pero alcanzó para superar el esfuerzo del arquero chileno Wirth para meterse en el arco y darle a Peñarol la cuarta copa Libertadores de su historia y la segunda conquistada en el estadio Nacional de Santiago (habría una quinta y tercera ganada en ese estadio 5 años después).

Yo tenía 11 años. Vi ese partido por tv y el gol lo vi solo, porque mi papá, aquel que quería a Morena en Peñarol desde siempre, no aguantó los nervios y se fue a fumar un cigarrillo lejos del televisor. Hasta entonces, era él quien me contaba lo que se sentía ver a Peñarol campeón de América. Desde ese día ya no tuvo que contármelo mas porque como hincha, ese día yo también gané la copa.

Después vino la Intercontinental (que en nuestra soberbia de entonces festejamos mucho menos que esa Libertadores) y el cierre del campeonato uruguayo que también ganó Peñarol.

Un año después, Peñarol volvió a disputar la final de la Libertadores, con Morena entre sus filas. Ese año, jugando con la selección uruguaya ante Venezuela por la Copa América, Morena se fracturó la tibia y el peroné luego de una entrada criminal del venezolano René Torres en el estadio Centenario. Su recuperación fue muy complicada y nunca pudo volver a ser el mismo.

En 1984 pasó fugazmente por Boca Juniors de Argentina y retornó a Peñarol para retirarse ese año, aunque retornó de su retiro para disputar la Copa Libertadores de 1986 donde Peñarol terminó ultimo en su grupo. Nadie podía imaginar que un año después Peñarol volvería a ser campeón de la Copa, ya sin Morena.

Los números fríos son impresionantes. En su carrera Morena anotó 668 goles. Fue goleador del campeonato uruguayo 7 veces y campeón también en 7 ocasiones. Fue goleador de la Libertadores en 3 ocasiones y campeón en 1982. También fue campeón intercontinental ese año. Es el segundo goleador máximo de la historia de la Libertadores con 37 tantos, solo por detrás de otro aurinegro, el ecuatoriano Alberto Spencer que convirtió 54 (48 con Peñarol y 6 con el Barcelona de Guayaquil) y por encima de otro carbonero, el "verdugo" Pedro Virgilio Rocha que anotó 36 goles.

Como técnico su carrera no fue tan exitosa. Fue el orientador de nuestro equipo en dos períodos diferentes sin obtener títulos trascendentes, apenas una liguilla. En la actualidad se desempeña como Gerente de Relaciones Públicas de la institución. Habiendo nacido con otro sentimiento, aquel jugador que llegó a Peñarol apenas porque quería ser titular, hoy es reconocido hincha de nuestra institución e ídolo venerado de toda una generación de carboneros y continúa como funcionario del club.

Muchos recuerdan el 16 de julio por el aniversario del triunfo celeste en Maracaná. Desde estas páginas lo recordamos como aniversario de cosas mas importantes. El campeonato sudamericano de clubes de basquetbol conquistado por Peñarol el 16 de julio de 1983 y por los 7 goles de Morena ante Huracán el 16 de julio de 1978.

Morena trepado al portón de la América para gritar GOL DE PEÑAROL!





martes, 16 de junio de 2020

John Harley, el "inventor" del fútbol uruguayo



Hace un par de notas atrás contábamos la historia de Leonard Crossley el arquero que le enseño a atajar a los guardametas de este país. Hoy nos referiremos a quien hizo lo mismo por los jugadores de campo, quien les enseñó el juego y fue determinante en la formación del estilo característico del fútbol uruguayo. Nos referimos al escocés John Harley.

Harley nació en Glasgow el 5 de marzo de 1886. De profesión dibujante, fue empleado de la compañía del ferrocarril que lo destinó a un puesto en Argentina a donde llegó en 1906. Primero trabajó en el ferrocarril de Bahía Blanca, posteriormente en el de Rosario, hasta recalar en Buenos Aires. Allí, Harley combinaba su trabajo profesional con su pasión por la pelota, enrolándose en Ferro Carril Oeste. En el equipo de Caballito fue compañero de varios ex defensores aurinegros que habían recalado en la vecina orilla como ser los casos de Eugenio Mañana, Pedro Zibechi y Aniceto Camacho (autor de los dos primeros goles clásicos de la historia para vencer a Nacional en el Parque Central el 15 de junio de 1900)

Defendiendo a Ferro, tuvo su primer contacto con Peñarol a través de un encuentro amistoso disputado en Caballito el 12 de octubre de 1808. A pesar de la holgada victoria aurinegra por 4 a 0, Harley deslumbró con su juego al punto de llamar la atención del maestro José Piendibene que al término del encuentro sugirió que invitaran al escocés a jugar en Peñarol.

La revancha fue el 25 de octubre en Montevideo y a pesar de que Peñarol volvió a vencer (esta vez apenas 1 a 0), Harley volvió a ser la figura del campo, lo que terminó de convencer a los dirigentes aurinegros de lo acertado de la propuesta de Piendibene de gestionar la llegada del escocés.

Este "pase" se resolvió sin mayores trámites que un contacto entre directivos de las empresas ferroviarias (ambas inglesas) y Harley desembarcó en Montevideo en 1909 con la idea de quedarse "unos meses" para trabajar en el ferrocarril central del Uruguay y jugar en Peñarol.

Desde su llegada llamó la atención por su juego diferente. Siendo un mediocampista que no destacaba particularmente por su complexión física, tenía un notable sentido de la ubicación que le permitía quitar la pelota a rivales mucho mas corpulentos sin necesidad de acciones violentas. Pero su gran sello distintivo estaba en jugar siempre la pelota a ras del piso y al pie del compañero con pases precisos, evitando el tan clásico "pelotazo" de los primeros tiempos del fútbol uruguayo. Siendo de baja estatura aportaba sin embargo un preciso remate de cabeza que le permitía tanto despejar envíos peligrosos de la ofensiva rival como generar chances de convertir para el equipo propio.

En Peñarol coincidió con otros maestros. Por un lado con la exquisita técnica de Crossley que atrapaba la pelota en lugar de rechazarla y salía siempre jugando con la mano en pase seguro para que sus compañeros iniciaran la jugada de ataque.Por otra parte con la depurada habilidad del maestro Piendibene primer gran exquisito del fútbol uruguayo. A ellos se sumaba Juan Pena, extraordinario delantero de los primeros años carboneros. Juntos formaron el legendario equipo aurinegro que se conoció como "los maestros del once".

Junto con ellos formó la base del estilo del fútbol uruguayo que asombró al mundo con su mezcla de coraje y calidad arrasando con los títulos internacionales en esas primeras décadas. Con ese estilo, mas escocés que inglés (que jugaba al pelotazo al área para los delanteros altos y chocadores) Uruguay fue el primer bi-campeon de América (1916 y 1917) sumando también los títulos de 1920, 1923, 1924, 1926 y 1935, ganó dos medallas de oro olímpicas (1924 y 1928) y el primer mundial de fútbol (1930). Había nacido "el cortita y al pie" característico del fútbol uruguayo.

Su caballerosidad deportiva dentro del campo queda de manifiesto en un episodio sucedido en 1913. Peñarol caía ante Central por 2 a 1 y el árbitro sanciona un penal a favor del aurinegro. Lo remata Harley que, consciente de que no había sido falta, deliberadamente envía el balón afuera. Un gesto impensable en el mundo de hoy.

Harley jugó en Peñarol hasta 1920, totalizando 13 temporadas (10 de ellas como capitán del equipo). Fue campeón uruguayo con Peñarol en 1911 y 1918 ademas de obtener la Copa de Honor en 1909, 1911 y 1916. Jugó también en la selección uruguaya con destacada participación. Luego de su retiro, fue técnico aurinegro en el año 1942 y de la propia selección uruguaya.

El 19 de junio de 1951 se disputó un encuentro en su homenaje en el Estadio Centenario al que acudieron 45.000 espectadores. El escocés que había llegado "por unos meses" a Montevideo para jugar en Peñarol, no se fue nunca mas y falleció en nuestra ciudad el 16 de mayo de 1960.

John Harley otro de los grandes maestros de la historia carbonera cuyo recuerdo permanece vivo hoy, 100 años después de su retiro. Otro de los héroes que forjaron en oro y carbón la historia del Campeón del siglo XX.

lunes, 18 de mayo de 2020

La vida por Peñarol. José Carlos Domínguez


En la tarde de ayer Peñarol perdió uno de sus grandes baluartes. En este caso no se trata de un aguerrido defensor, de un goleador implacable, de un centrocampista habilidoso o de un arquero imbatible. 

Falleció José Carlos Domínguez, historiador, escritor, periodista, dirigente aurinegro, que fue fiel a su conocido eslogan, dio "la vida por Peñarol" como rezaba su presentación en un recordado programa deportivo de nuestra televisión allá por los años 90.

Dueño de una pluma exquisita a la hora de escribir sobre su Peñarol, orador versado a la hora de debatir y exaltar a su carbonero querido, dirigente que supo capear con el peor de los temporales cuando toda la prensa se puso en contra buscando que Peñarol no alcanzara su segundo quinquenio uruguayo.

Tuvimos el enorme honor de conocerlo personalmente a principio de la década del 90 y comprobamos que llevaba en su vida privada lo que predicaba en la pública: la defensa apasionada y justa de su Peñarol. Solía decir que "para un peñarolense no hay mejor que otro peñarolense" y sobre esa máxima ajustó su vida y su comportamiento.

Muy recordado por su participación en aquel programa de Tv que era un clásico del mediodía donde debatía (y generalmente hacia enojar) a su contrincante tricolor con referencias "al vecino" al "pollito" y siempre con una palabra de cariño para los "peñarolitos y peñarolitas" como llamaba a todos los niños hinchas de Peñarol. Debatiendo siempre con altura y con una caballerosidad a toda prueba, sin alzar nunca la voz y con una eterna sonrisa en sus labios, pulverizaba a cualquier rival.

Durante décadas editó la revista "La voz de Peñarol" y condujo el programa de radio "La voz peñarolense" que continuaba emitiéndose hasta la actualidad. Desde esas páginas y ese micrófono fue un defensor incansable y siempre bien documentado, de los intereses de la institución. Conocía la historia de Peñarol como pocos y la defendía a capa y espada contra todos los trasnochados que pretenden interpretarla a su conveniencia.

Fue el encargado de ser el orador en la ceremonia de celebración de los 100 años de Peñarol en 1991 y desde esa tribuna nos hizo inflamar el corazón y emocionar el alma con sus palabras de amor y devoción a nuestra enseña.

Supo ser dirigente y entre otros cargos, ocupó la secretaria general del club en el tumultuso período final del quinquenio cuando su programa era el único donde la voz del club podía expresarse cuando toda la prensa le hizo el boicot a la institución buscando desestabilizarla e impedir ese logro deportivo.

Era fundador del grupo partidario que llevaba el nombre de su mentor, otro gran defensor aurinegro desde fuera de las lineas del campo: Carlos Balsán.

En la actualidad se desempeñaba como presidente de la comisión administradora del museo del club instalado en nuestra sede. Nada mas adecuado a su capacidad.

En la noche de ayer, a los 74 años, un infarto fulminante nos privó de su presencia. Hemos perdido un gran conocedor de la historia de Peñarol, un escritor exquisito, un orador formidable, un defensor inclaudicable pero sobre todas las cosas hemos perdido un gran peñarolense.

Para recordarlo seguiremos la filosofía que Él nos enseñó con sus propias palabras.

"PEÑAROL NO ES COSA DE VIDA O MUERTE, ES MUCHO MAS QUE ESO".

Que descanse en paz y desde donde esté, se emocione con cada gol y cada conquista como nos enseñó a disfrutar a todos los manyas.

jueves, 16 de abril de 2020

Leonard Crossley; El arquero que enseño a atajar a los arqueros.



Con el tema de la epidemia en curso sabido es que no hay fútbol  y eso nos ha hecho dejar algo abandonado este espacio. Sin embargo, nos parece esta una buena ocasión para retomarlo con una de las historias de nuestra historia.

Hace pocos días nos enteramos que el famoso “día del arquero” ya no es una expresión popular que se usa por estas tierras para referirse a algo que no se cumplirá nunca. Honestamente no sabíamos que desde 2013 efectivamente existe el día del arquero. Se celebra el 14 de abril en homenaje al nacimiento del arquero colombiano Miguel Calero quien falleció a los 41 años por una extraña enfermedad.

Hablar de arqueros en Peñarol nos llevaría interminables páginas. Para mencionar solo algunos de ellos, sin desmerecer a los demás, el equipo aurinegro ha tenido bajo los tres palos figuras de la talla de Roque Gastón Máspoli, Ladislao Mazurkiewicz, Luis Maidana, Fernando Alvez, Gustavo Fernández, Eduardo Pereira, José Luis Chilavert, Roberto Chery (https://manyahistoriasdenuestrahistoria.blogspot.com/2019/05/roberto-chery-y-el-dia-que-brasil-se.html) y tantos otros. Desde Faustino Fabre, el primero que se paró en nuestro arco en la temporada de 1900 hasta Kevin Dawson, actual titular en esa posición, Peñarol ha contado con una galería de arqueros excepcionales, campeones de América, campeones del mundo, de clubes y con la selección.

Sin embargo hoy queremos hacer el homenaje a ese ingrato puesto en la figura del arquero que le enseñó a atajar a todos los arqueros en Uruguay. Se trata del inglés Leonard Crossley. Fue el primer arquero en nuestro país que contenía la pelota cuando venía hacia su arco en lugar de rechazarla hacia adelante como todos los demás. Esto le permitía salir jugando con la mano y con pases directos a sus compañeros para comenzar la jugada del equipo. Algo que hasta ese momento era desconocido en nuestro medio y que pronto adoptarían los demás arqueros.

Crossley había nacido en Inglaterra en 1883 y había llegado a jugar profesionalmente en la segunda división de su país. De profesión taquígrafo, llego a Montevideo en 1906 junto con Charles W. Bayne que venía a ocupar el cargo de Administrador General del ferrocarril del Uruguay y que desde su llegada, inició el conflicto que terminaría en la separación del club de la empresa en 1913. Situación en la cual el mismo Crossley tendría participación.

Él mismo daba el motivo por el cual terminó atajando en un país sudamericano tan lejos del suyo. Contaba Crossley: "Yo jugaba en segunda división profesional en Londres. Un sábado, después de un partido, se me acercó un caballero, me felicitó por mi juego y lamentó que no fuera diez centímetros más alto. De lo contrario debutaría el fin de semana siguiente en primera división con el Everton. Por eso estoy en América, Señor, por diez centímetros de menos".

Poco tiempo pasó para que Crossley sumara a sus tareas administrativas en la empresa, la condición de arquero de Peñarol. Se sumó al equipo que había sido campeón uruguayo en 1905 en forma invicta y sin recibir ni siquiera un gol en todo el campeonato. Tal marca histórica mundial pertenece a Francisco Carbone, otro destacado arquero aurinegro y continúa vigente.

Accedió a la titularidad en 1907 y pronto destacó por su juego moderno, que buscaba en todo momento hacerse de la pelota en lugar de simplemente rechazarla con las manos o a puntapiés y siendo el iniciador de las jugadas colectivas del equipo con la pelota entregada siempre al compañero. Lo que luego el escocés John Harley le enseño a los jugadores de campo a partir de 1909 cuando llegó a Peñarol, Crossley se los transmitió a los arqueros: pasar siempre la pelota al compañero, con pases cortos y a ras del piso.

Con ambos en el campo, Peñarol era un equipo distinto, moderno, que jugaba la pelota en lugar de mandar pelotazos largos para los delanteros como era típico del fútbol inglés de la época. Este estilo de juego es el que llevaría a Uruguay a sus primeros triunfos internacionales (medallas de oro en los juegos olímpicos de 1924 y 1928 y primer campeón del mundo en 1930).

En 1909 sufrió una grave lesión que lo tuvo un mes fuera de las canchas, producto precisamente de su forma de atajar buscando siempre atrapar la pelota. Fue en un partido ante el Montevideo, equipo de la colectividad alemana que antiguamente se llamaba Deutscher y que era el concesionario original del Parque Central, mientras se le prestaba a Nacional la cancha secundaria para que jugara sus partidos.

El jugador Alfredo Schroeder atropelló a Crossley en el momento de convertir un tanto y lo golpeó con la rodilla en la cabeza provocándole un traumatismo de cráneo (no obstante la evidente falta, el gol fue sancionado como válido). Mientras se lo trasladaba a un hospital, corrió el rumor de que había fallecido. Hubo indignación entre los hinchas carboneros que incluso llevaron a que se sucedieran incidentes lamentables de violencia, llegando a incendiar el vagón de ferrocarril que transportaba a los jugadores del Montevideo. Este incidente (el de la quema del vagón) reforzó la intención del administrador Charles Bayne de que la empresa se deshiciese del club, lo que se terminaría concretando 4 años después.

Crossley fue partícipe de la histórica asamblea del 13 de diciembre de 1913 que separó al club de la empresa e inició nuestra vida independiente. Al día siguiente, fue el único jugador titular que disputó el clásico que se conoce como el de la tercera de fierro por ser el único que no estaba suspendido por la directiva (https://manyahistoriasdenuestrahistoria.blogspot.com/2013/12/100-anos-del-clasico-de-la-segunda-de.html)

Jugó hasta 1916 cerrando una década en nuestro arco donde obtuvo los campeonatos uruguayos de 1907 y 1911 y la Copa de Honor en 1909, 1911 y 1916. Luego de su retiro fue socio honorario del Club Atlético Peñarol, integró diversas directivas del club y fue tesorero entre 1935 y 1936.

Nunca regresó a su país y falleció en Montevideo en 1958 dejando tras de sí una leyenda y el logro de ser el arquero que le enseño a jugar a los arqueros.